«Man sagte uns, wir bekämen eine Unterkunft und ein Visum für die Weiterreise nach Algeciras, aber das war alles gelogen»
El sueño de obtener papeles en regla para viajar hasta la Península y emigrar legalmente a Europa no se ha visto cumplido. Muchos migrantes han dormido al raso en jardines y solares. Han comido gracias a la ayuda de los vecinos. O a los envíos de dinero de familiares a través de cajeros automáticos. Abrasados por el sol, extenuados, se agolpaban al mediodía en todo tipo de vehículos para intentar regresar a sus hogares en el profundo interior de Marruecos, después de haber fracasado en el empeño de abrirse un futuro fuera de su país.
Este camino de vuelta marca un nuevo hito de frustración para una generación desencantada. Castillejos es una ciudad sin apenas locales de negocios abiertos por miedo a los saqueos. En los pocos que quedan abiertos, grupos de muchachos en calzones se agolpan para intentar compra algo de comida. Echan de menos los refrescos helados, saturados de azúcar al gusto magrebí. La policía patrulla las calles con indiferencia mientras la mayoría de los vecinos permanecen en sus casas, temerosos de eventuales actos de violencia de una masa juvenil hambrienta y desengañada.
Los choques de la madrugada entre policías y migrantes en la frontera con Ceuta ya han quedado atrás a primera hora de la tarde, después de que las fuerzas de seguridad dispararan gases lacrimógenos y cañones de agua a presión contra los jóvenes que ocupaban las colinas circundantes. Apenas unos pocos migrantes irregulares se cruzaban aún en dirección a Ceuta con la multitud de retornados desde la frontera española. Familias enteras, con hijos menores y bebés en sus brazos, habían llegado hasta Castillejos atraídos por mensajes infundados sobre una apertura sin trabas de la frontera para poder viajar hacia España e intentar abrirse camino en Europa.
Der Traum von legalen Papieren für die Reise aufs spanische Festland und die legale Auswanderung nach Europa hat sich nicht erfüllt. Viele Migranten haben in Gärten und auf Brachflächen im Freien geschlafen. Sie haben dank der Hilfe von Nachbarn oder Geld, das ihnen Verwandte über Geldautomaten geschickt haben, zu essen bekommen. Sonnenverbrannt und erschöpft drängten sie sich mittags in alle möglichen Fahrzeuge, um in ihre Heimat im marokkanischen Landesinneren zurückzukehren, nachdem ihr Versuch, sich außerhalb ihres Landes eine Zukunft aufzubauen, gescheitert war.
Diese Rückreise markiert einen weiteren Tiefpunkt der Frustration für eine desillusionierte Generation. In Castillejos sind aus Angst vor Plünderungen kaum Geschäfte geöffnet. In den wenigen, die noch geöffnet haben, drängen sich Gruppen junger Männer in Unterwäsche, um etwas zu essen zu kaufen. Sie vermissen die eiskalten, zuckersüßen Limonaden nach Maghreb-Art. Die Polizei patrouilliert gleichgültig durch die Straßen, während die meisten Bewohner aus Angst vor möglicher Gewalt durch hungrige und desillusionierte Jugendliche in ihren Häusern bleiben.
Die Zusammenstöße zwischen Polizei und Migranten an der Grenze zu Ceuta in den frühen Morgenstunden waren bereits am frühen Nachmittag beendet, nachdem Sicherheitskräfte Tränengas und Wasserwerfer gegen die Jugendlichen eingesetzt hatten, die die umliegenden Hügel besetzt hielten. Nur noch wenige irreguläre Migranten gelangten inmitten der vielen Rückkehrer von der spanischen Grenze nach Ceuta. Ganze Familien mit kleinen Kindern und Babys auf dem Arm waren in Castillejos angekommen, angelockt von unbegründeten Berichten über eine uneingeschränkte Grenzöffnung, um nach Spanien zu reisen und von dort aus in Europa Fuß zu fassen.
Siehe auch Ceuta und Melilla waren übrigens nie Kolonien.